“Raquis” es el nombre que recibe la columna vertebral, la cual es el eje principal de los
movimientos que realiza el tronco. La articulación entre dos vértebras tiene una movilidad
muy limitada, sin embargo la suma del movimiento de todas ellas proporciona una gran
amplitud de movimientos en todos los planos de movimiento.
Es eje mecánico del tronco, así como el soporte del cráneo y de las extremidades. Visto frontalmente o de espaldas es rectilíneo, sin embargo, visto desde el plano sagital, la columna vertebral presenta cuatro curvaturas, que son, de arriba abajo:
- Lordosis cervical: formada por 7 vértebras, de concavidad posterior.
- Cifosis dorsal: formada por 12 vértebras, de convexidad posterior.
- Lordosis lumbar: formada por 5 vértebras, de concavidad posterior.
- Cifosis sacra: se trata de una articulación “fija” a causa de la soldadura definitiva de las
5 vértebras sacras. Esta curvatura es de convexidad posterior y finaliza en el
denominado “coxis”, que es la fusión de entre 1 a 3 huesos. El sacro no tiene tanta
movilidad, pero sí es móvil, ya que tiene un papel fundamental en la estática y
dinámica, y es crucial en el parto.
Patologías más frecuentes
Las principales alteraciones que se detectan en la infancia se relacionan con el desarrollo óseo.
Las más frecuentes son el aumento o disminución de estas curvas, o incluso la desviación de la
columna en los diversos planos corporales (escoliosis).
La escoliosis es la desviación y acuñamiento vertebral en los tres planos espaciales que
deforman la estática corporal y alteran la dinámica del individuo, afectando de esta forma al
equilibrio global, al balance muscular y articular (asimetrías, rigidez), también provoca dolor al
existir descompensaciones entre los hemicuerpos, problemas respiratorios y/o funcionales en
cuanto a las actividades físico-deportivas, y en casos más extremos, en las actividades de la
vida diaria. La etiopatogenia es desconocida, aunque existen factores de riesgo asociados
como: ser mujer, ser mellizo, haber sufrido un crecimiento grande en un corto período de
tiempo, falta de melatonina, y ser prematuro.
La mayoría de las ocasiones son escoliosis no estructuradas o “falsas escoliosis”, es decir, que
ocurren por un desequilibrio de tensiones a nivel musculoesquelético, ya que esta desviación
no sucede en los tres planos del espacio. Es corregible con fisioterapia, no como en el caso
anterior, que requiere cirugía.

Se habla de cifosis o lordosis cuando en realidad el diagnóstico sería “hipercifosis” e
“hiperlordosis”. Se trata de la exageración de dichas curvas, las cuales acaban buscando
compensaciones a lo largo del resto del raquis y/o en las extremidades. Las causas son
diversas: factores hereditarios o congénitos, factores de mala gestión de cargas, déficits
posturales, la edad, embarazos, traumatismos, debilidad muscular, obesidad, uso continuado
de tacones, etc.
¿Puede intervenir aquí la fisioterapia?
La respuesta es afirmativa. Lo ideal sería partir de una base de educación y consciencia
corporal en la que el individuo es el que tiene un adecuado manejo de las cargas, posturas,
desequilibrios, asimetrías, tanto en la estática como en la dinámica.
Aparte de la prevención, cuando el problema ya es incipiente, deberemos trabajar la
musculatura en función del lado de desviación. Un lado necesitará potenciar los músculos, y el
otro, relajarlos. Se debe restaurar la movilidad articular de las vértebras y escápulas, de la caja
torácica, reinstaurar el patrón respiratorio correcto, así como reequilibrar las tensiones
musculares en cuello, pelvis y miembros que hayan aparecido para equilibrar el cuerpo
globalmente.
A partir de aquí, y con la valoración obtenida se proponen una serie ejercicios tanto de
respiración como de equilibrio y fuerza, así como trabajo de elasticidad, a través de los cuales
se busca la integración postural correcta en el esquema corporal.